La situación de Flybondi ha escalado a un punto crítico, dejando atrás las cancelaciones ocasionales para convertirse en un colapso operativo y financiero. Miles de pasajeros han visto afectados sus planes de viaje, mientras que tanto empleados como exempleados denuncian la falta de pagos y crecientes deudas con proveedores.
La aerolínea, que aún mantiene su autorización para operar en Argentina, enfrenta un cuestionamiento sobre la inacción estatal: ¿hasta qué punto se puede permitir que una aerolínea funcione sin cumplir sus compromisos?
Los datos ilustran la gravedad de la crisis.
De acuerdo a un informe de Chequeado, en 2026, Flybondi había cancelado más del 20% de sus vuelos programados, un porcentaje que aumentó al 36% desde abril. En contraste, Aerolíneas Argentinas y JetSmart reportaron cancelaciones del 0,9% y 1,2%, respectivamente.
El deterioro continuó.
De un amplio cronograma a una operación mínima
En junio, Flybondi tenía un total de 2.626 vuelos programados, de los cuales sólo se llevaron a cabo 803, lo que significa que 1.823 vuelos fueron cancelados, logrando un cumplimiento del 30,6%, según reportes de La Nación. En julio, el panorama se volvió aún más alarmante, con solo 23 vuelos operados de 427, resultando en un cumplimiento del 5,4%.
Este panorama va más allá de meras estadísticas.
Cada vuelo cancelado representa a pasajeros que habían realizado reservas en hoteles, traslados y excursiones, así como familias que se encontraron varadas y usuarios que debieron adquirir pasajes de emergencia con otras aerolíneas.
Desde junio de 2025 hasta mayo de 2026, Flybondi acumuló más de 2.500 vuelos cancelados y afectó a más de 350.000 pasajeros, según la consultora Adventus mencionada en diversos medios.
La situación es insostenible para una aerolínea que sigue vendiendo pasajes. En junio, operó con solo un avión, mientras que 11 aeronaves estaban fuera de servicio debido a deudas relacionadas con el mantenimiento y el leasing.
Dificultades hasta para el abastecimiento de combustible
El colapso también ha afectado uno de los insumos más esenciales: el combustible. En julio, Flybondi permaneció varios días sin realizar vuelos a pesar de contar con aviones operativos. Según fuentes del sector citadas por La Nación, YPF exigió pago anticipado para cargar combustible Jet A-1 debido a los problemas de pago de la aerolínea.
Este escenario resalta que el problema va más allá de las demoras que los pasajeros pueden observar en los aeropuertos.
Flybondi enfrenta también conflictos comerciales y deudas con proveedores y entidades vinculadas a la navegación aérea y servicios en tierra.
Empleados sin remuneración y más de 700 exempleados demandando pagos
El aspecto laboral es igualmente preocupante.
Más de 700 exempleados están en proceso de reclamar indemnizaciones y pagos por acuerdos de retiro voluntario que, según sus denuncias, no han sido cumplidos por la empresa. Muchos de estos convenios fueron formalizados ante escribano o en instancias laborales, pero los afectados afirman que han pasado meses sin recibir su dinero.
A esto se suman las quejas de trabajadores aún activos en la compañía, quienes reportan sueldos de junio y julio, así como el medio aguinaldo, pendientes, además de problemas relacionados con la falta de aportes.
La situación ha generado rumores sobre una posible presentación en concurso preventivo de acreedores, que podría permitir a Flybondi reestructurar judicialmente sus deudas. Sin embargo, no hay confirmación oficial sobre este proceso hasta el momento.
Brasil tomó medidas que Argentina aún no ha considerado
El contraste con Brasil se presenta como uno de los aspectos más preocupantes de la crisis.
La Agencia Nacional de Aviación Civil de Brasil constató que Flybondi había cancelado el 79% de sus vuelos en ese país entre el 1 y el 27 de julio. Ante este incumplimiento, el organismo tomó acciones cautelares.
Brasil limitó la venta de pasajes a destinos como Florianópolis, Maceió y Salvador, y restringió a la empresa de expandir su red dentro del país, además de intervenir en la ruta Buenos Aires-Río de Janeiro.
La decisión se justificó como una medida frente a los indicios de “deterioro de la capacidad operacional” de Flybondi y el riesgo que esto representa para los pasajeros.
En Argentina, sin embargo, la postura ha sido diferente.
La ANAC argentina impuso sanciones pero no detuvo operaciones
La Administración Nacional de Aviación Civil de Argentina ya había emitido actas de infracción por cancelaciones sin previo aviso y reclamos de pasajeros desde principios de 2026.
Frente al agravamiento de la situación, el organismo exigió un plan de acción a la aerolínea.
Tras su análisis, la ANAC concluyó que Flybondi cumplía con los requisitos de seguridad operacional, lo que no dio motivos para restringir su operación aérea.
Sin embargo, es fundamental aclarar que tener aviones en condiciones seguras no implica que la compañía esté brindando un servicio regular o que su salud financiera sea sólida.
El verdadero desafío es que, mientras una aerolínea puede estar habilitada para volar, puede también estar cancelando numerosos vuelos y acumulando deudas.
El concepto de low cost no implica volar sin restricciones
Desde su llegada al mercado argentino en 2018, Flybondi prometió democratizar el acceso al vuelo mediante tarifas más bajas. Su modelo low cost se basa en la reducción de costos y la oferta de servicios adicionales, con una estructura más austera que las aerolíneas tradicionales.
Sin embargo, low cost no implica low service, ni la ausencia total de servicio.
Comprar un pasaje no debe ser considerado como una apuesta. Es un contrato por el cual una empresa cobra para llevar a los pasajeros a un destino específico.
Cuando las cancelaciones se convierten en la norma, el problema trasciende una simple demora.
Cuando miles de pasajeros que han pagado por sus vuelos ven cómo estos son cancelados, empleados luchan por sus salarios, exempleados esperan indemnizaciones y proveedores endurecen sus condiciones, ya no se puede atribuir todo a dificultades operativas.
La crisis de Flybondi abre un debate más profundo sobre hasta qué punto se debe permitir a una empresa seguir captando dinero de nuevos pasajeros cuando su capacidad de cumplir con los vuelos es cuestionable.
Y, especialmente, quién asume el costo si finalmente no puede cumplir con lo prometido.
Mientras empresarios, accionistas y organismos regulatorios discuten planes de acción y reestructuraciones, los pasajeros suelen quedar relegados.
Con una creciente cantidad de situaciones acumuladas, la pregunta ya no debería ser solo qué sucede con Flybondi.
La cuestión es quién protege a aquellos que siguen comprando pasajes.