Alerta por lluvias extremas en el AMBA y temen inundaciones por la llegada del fenómeno climático Súper Niño
Con la llegada de la primavera y el verano 2026/2027, se han emitido diversas advertencias acerca de la intensificación del fenómeno climático conocido como «Súper Niño». Este fenómeno pone en la mira al Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), especialmente a las zonas que históricamente son más vulnerables a lluvias intensas.
Lomas de Zamora, junto con otros municipios en el sur del conurbano, se encuentra bajo la posibilidad de experimentar precipitaciones que superen los niveles habituales. La magnitud de estos efectos dependerá de la evolución de las condiciones meteorológicas y de la capacidad de respuesta de la infraestructura local.
Preocupación por el impacto del «Súper Niño» en el conurbano
El ingeniero civil e hidráulico Claudio Velazco ha publicado un informe que sugiere que el «Súper Niño» podría resultar en un aumento notable de las precipitaciones a nivel nacional. En particular, la provincia de Buenos Aires podría enfrentar lluvias que alcancen casi el doble de los promedios históricos trimestrales, lo que elevaría considerablemente el riesgo de inundaciones tanto en áreas urbanas como rurales.
Dentro del AMBA, la inquietud no solo se centra en las localidades cercanas al río, sino también en las ciudades con alta densidad poblacional, donde los sistemas de drenaje ya se encuentran desbordados durante tormentas fuertes. Lomas de Zamora y otras áreas del sur de la provincia podrían ver inundaciones temporales en sectores más vulnerables si se presentan lluvias extremas.
Se están monitoreando localidades del norte del AMBA, como San Isidro y Tigre, donde el principal riesgo proviene del desbordamiento de ríos y la saturación de los sistemas pluviales. También se incluyen distritos del oeste y noroeste, como San Martín y José C. Paz, así como áreas ribereñas que podrían estar en riesgo de crecidas de los ríos Paraná y Uruguay.
La infraestructura, uno de los principales desafíos
Velazco señala que la infraestructura hidráulica de la provincia presenta serias limitaciones para hacer frente a un aumento en las precipitaciones. Tras años analizando la situación hídrica de Buenos Aires, advirtió que «la provincia de Buenos Aires no está preparada para afrontar sus consecuencias, en el contexto del Cambio Climático».
El especialista subrayó que las obras realizadas hasta ahora «están lejos de ser suficientes para enfrentar los desafíos que la naturaleza nos impondrá en el corto y mediano plazo». Además, estimó que «con el ritmo actual de ejecución de obras hídricas, se necesitarían unos 60 años para preparar la provincia adecuadamente».
El informe también indica que la provincia alberga alrededor del 40% de la población de Argentina y que el conurbano tiene cerca de 13 millones de personas, lo que complica aún más cualquier evento climático significativo. El historial de deficiencia en infraestructura, sumado al crecimiento urbano y a los efectos del cambio climático, se considera uno de los mayores factores de riesgo.
La importancia de la prevención y los planes de contingencia
Más allá de las obras necesarias, el experto enfatiza que se deben implementar planes de contingencia locales, mantenimiento de desagües y alcantarillas, así como protocolos de evacuación para las zonas más vulnerables.
Velazco recordó que las inundaciones en diversas partes del mundo en años recientes han ocurrido tras períodos prolongados de sequía, una tendencia que también ha afectado a Argentina. En este sentido, indicó: «Lo que está ocurriendo en las regiones del Norte podría ser un indicio de lo que podría suceder en la región sur cuando El Niño se establezca aquí».
Aunque las proyecciones representan escenarios de riesgo y no pronósticos precisos sobre tormentas, el informe destaca la necesidad de reforzar las medidas preventivas antes de la fase más crítica. Para el especialista, la combinación de planificación, mantenimiento de la infraestructura existente y la realización de obras hidráulicas a largo plazo será crucial para mitigar el impacto de futuros eventos climáticos extremos en Buenos Aires y, en particular, en el conurbano.